Este viernes día 28 Netflix estrena a nivel mundial la primera serie española que produce la plataforma de streaming. En este caso se trata de una producción de Bambú (productora conocida por trabajos como “Gran Hotel“, “Bajo Sospecha” o “Velvet“) y esto es algo que nos asegura un mínimo de calidad y mimo.

En Las Chicas del Cable nos trasladamos a 1929, al recién estrenado edificio de la empresa telefónica de España, en el centro de Madrid. Aquí veremos la sociedad de la época a través de los ojos de cuatro mujeres que optan a puestos de telefonista (Ana Fernández, Nadia de Santiago, Maggie Civantos, Blanca Suárez).

El personaje detonante de la trama central es Lidia (Blanca Suarez), una chica a la que nunca se le ha puesto nada por delante, y que victima de un chantaje deberá hacer lo posible por salir adelante. A partir de aquí conocemos al resto de chicas, donde cada una representa un carácter tipo de la sociedad española a finales de los años veinte.

Los escenarios están muy bien recreados, las oficinas, las calles de Madrid, etc. Todo sin llegar a caer en un calco de la fotografía de Velvet (cosa que personalmente me daba un poco de miedo). Aquí no hay nada donde poner queja, vamos ahora con los personajes.

Esta es una serie que gana gracias a los personajes secundarios y donde los personajes “principales” pierden mucho. Tenemos a Ana Fernández haciendo una muy buena actuación, queriendo escapar de la “cárcel” que suponía no poder hacer su propia vida y vivir a la sombra de su padre (algo que era norma). Por otro lado, tenemos Nadia de Santiago recién llegada del pueblo para comenzar una vida en la ciudad y no quedarse para siempre encerrada con su abuela. Pero el personaje principal, o detonante de la trama (vamos a decirlo así), que interpreta Blanca Suárez, aunque a priori parece el mas interesante pierde emoción por dos claras razones, uno que la actriz no hace al personaje creíble y dos y mucho mas importante, su trama se diluye en favor de la historia del los personajes de Maggie Civantos y de Ana Polvorosa, la primera haciendo una interpretación espectacular que representa muy bien la vida de las mujeres a finales de la década; y Ana Polvorosa, que nos deja impresionados con una mujer dura, fuerte y peleona, jefa de telefonistas, trabajadora y que conoce la empresa empresa de telefonía al mas mínimo detalle (dejando atrás papeles que encasillan como La Lore en “Aída“) y esto se agradece.

Hay que decir que no solo hay personajes femeninos, tenemos, por ejemplo, a Yon González ejerciendo de director de la compañía; o a Martiño Rivas como el responsable de recursos humanos en la empresa, o a Nico Romero y Sergio Mur como empleados de la compañía telefónica; pero estos tienen menos peso que nuestras chicas del cable. Además también podemos a ver a grandes actrices como Concha Velasco o Kiti Mamver, a las que siempre es un placer ver actuar.

La serie también incorpora personajes históricos como Victoria Kent, la primera abogada de nuestro país; y tramas de espionaje al mas puro estilo NSA donde tenemos a alguna de nuestras Chicas del cable escuchando conversaciones un tanto especiales.

En resumen, estamos ante una producción de calidad, no a la altura de los grandes estrenos de Netflix (aunque muy cerca), pero si de lo mejor que ha hecho Bambú.

Nos quedan por ver los episodios finales (Netflix solo nos ha permitido ver los 6 primeros) pero uno se encariña tanto con estas mujeres que necesitas saber más de su historia. Y pensad una cosa (que yo no me quito de la cabeza) nuestras bisabuelas vivieron en esa época y si la analizamos detenidamente las cosas no han cambiado tanto, y esto es muy triste.

Nota del redactor: No soy un experto en historia, pero si puedo decir señores de Bambú, que las técnicas de reanimación cardíaca externa tal y como los conocemos hoy, no se comenzaron a utilizar en hospitales hasta 1960, por lo cual en el año 1929 no se contempla la posibilidad de que que alguien tuviera el conocimiento para realizarla ante un infarto. Estas cosas “chirrían”.

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