Surcando la cresta de la ola de los universos cinemáticos, y tratando de sacar tajada del lucrativo mercado de las sagas que se extienden a través de la literatura, el cine y la televisión, recientemente ha llegado a nuestros cines “La torre oscura”, la adaptación cinematográfica de la serie homónima de Stephen King. Se trataba de un proyecto ambicioso, intentar condensar la esencia de una saga de ocho libros, y ser la punta de lanza de un producto con potencial para secuelas, spin-off televisivos y toda la parafernalia asociada. Sin embargo, a la vista del resultado, mucho tendrán que arreglar o no parece que la lanza tenga capacidad de llegar muy lejos.

Parto de la base de que escribo esta reseña sin haber leído los libros ni tengo conocimiento previo de la historia, por lo que mi juicio de valor responde a los méritos (más bien deméritos) de la película por sí misma, como obra independiente que debería poder entenderse y disfrutarse sin necesidad de referencias externas. Y tristemente en mi opinión, la película no cumple estos criterios. La historia se entiende, sí, pero porque está simplificada al punto de ser insulsa y superficial. Desde el primer momento de la película se nos lanzan a la cara una colección de clichés que nosotros cómo público dócil y bien entrenado tenemos que desarrollar porque en pantalla desde luego no lo hacen.

Tenemos al aventurero preadolescente (Jake Chambers, interpretado por Tom Taylor), visionario pero incomprendido, marcado por la tragedia familiar, y por supuesto dotado de un poder sin precedentes. Tenemos al héroe de capa caída, también con un pasado trágico, que cumple su arco de rigor pasando de la reticencia y la sed de venganza a la dedicación plena a la causa. Tenemos a un villano que se esfuerza tanto en demostrar su maldad que espolvorea actos de crueldad gratuita allá por donde va y desea destruir el mundo sin ninguna razón aparente. Son estos dos últimos personajes, el Pistolero interpretado por Idris Elba y el Hombre de Negro al que da vida Matthew McConaughey, los que sin duda mejor reflejan el drama de esta película. Dos actores de competencia más que demostrada y que vienen con carisma de serie no son capaces de insuflar vida a sus personajes, que son los que sostienen una historia que se nos vende como una rivalidad que supera el tiempo y el espacio y que más bien parece un bromance fallido entre dos caricaturas de ficción amateur. Nuestro Pistolero melancólico destila un pesimismo tan vacío y superficial en sus diálogos, que casi hubiese estado mejor con menos líneas todavía. Y por su lado al Hombre de Negro, al cual se le dedican escenas para establecer claramente su enorme poder, carisma y maldad (que no así su peinado, porque claro, ¿qué es más malévolo, el pelo engominado hacia atrás o el de punta?) sin embargo no se le adjudica ninguna motivación, aparte por supuesto de la de ser mu malo.

Me reservo además una mención especial a los personajes femeninos de la película, por su gran contribución a la trama: la madre de Jake, esa MILF cuya labor es la de proporcionar un padrastro malvado, un poco de drama y un momento de pseudo tensión sexual con el villano para luego sacrificarse noblemente en favor del avance de una trama que no tiene ritmo ninguno. La psíquica/mística Arra que instruye a Jake en la naturaleza y el uso de sus capacidades en cosa de 20 segundos, avanza un poco más la trama y una vez más también es sacrificada. Tirana, la esbirra sexy (o eso me dicen) que está para dar colorido y recibir abuso del Hombre de Negro. Y la inocente pastorcilla sin nombre que le hace ojitos a Jake y que se pone en peligro en su esfuerzo denodado de salvar unas cabras (¡!!) sólo para poner en perspectiva la naturaleza heroica del chaval. Que hayan dedicado siquiera unos segundos de un metraje ya cortito para desarrollar ese disparate en lugar de qué se yo… explicar un poco más qué diantres es el “shine” es sólo uno más de los innumerables problemas de esta película. En definitiva, estamos ante un plantel de personajes planos y estereotípicos (que no arquetípicos) que no conmueven ni generan ningún tipo de empatía, por lo que tampoco nos preocupa demasiado cual sea su suerte.

En cuanto a la ambientación, a caballo entre nuestra Tierra y el mundo postapocalíptico del Pistolero, pues poco hay que decir. Determinados escenarios son ciertamente bellos. Otros parecen intrigantes y aluden a un pasado no explicado que podría resultar de interés, además de hacer guiños al universo literario de Stephen King, pero no vemos lo suficiente de ellos como para evitar que esa pequeña llama de interés se apague rápidamente. Vemos la tan mentada Torre Oscura y tenemos una breve indicación de su función en este universo fantástico, pero se dedica muy poco esfuerzo a alimentar su mística, su importancia. El universo de mundos paralelos sustentado y protegido por la Torre tiene potencial para ser fascinante, pero en lugar de fomentar dicha fascinación la narración pasa de puntillas y desperdicia ese potencial en pos de no se sabe muy bien qué. Todo es oscuro y apagado, carente de magnificencia real.

Por lo demás, el argumento es más sencillo que el mecanismo de un chupete: personaje malvado desea destruir el universo conocido, y se las ve frente a los héroes que desean salvarlo, aunque esa no fuese su motivación inicial. Todo ello salpicado como ya he dicho de clichés predigeridos para una audiencia de la que no se espera ningún ejercicio mental, pero sí todo el esfuerzo de darle alguna relevancia a este desbarajuste. La épica de salvar el mundo es completamente inexistente y hasta la conclusión del arco personal de los protagonistas es tan anticlimática que le acaba restando valor a todo lo anterior.

Digo que la película es simple, pero ojo, que un argumento simple no es necesariamente un defecto, siempre y cuando esté apoyado por unos personajes sólidos, un desarrollo bien pensado y una puesta en escena cuidada al detalle. Desgraciadamente este no es el caso, y el resultado está carente de emoción, de tensión, de impacto. No dudo que la denominada opus magna de Stephen King sea verdaderamente profunda y emocionante, como sus muchos seguidores atestiguan. Pero en el proceso de hacer la película accesible a los no iniciados en la saga y atraer al mayor público posible, se la ha despojado de contenido y personalidad para dar lugar a un producto sin sustancia, sabor ni textura, un sucedáneo de blockbuster palomitero que sinceramente no merece la pena pagar por ver en el cine. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, esta película comete un pecado capital que una superproducción con ambiciones de expandirse en saga no puede permitirse: convierte la expectativa en aburrimiento y mata el interés por dicha saga. Y es que, francamente, no me quedo con ningún ansia por saber más de las aventuras y desventuras de nuestros llaneros solitarios ni el devenir de la Torre Oscura.

Leave a Reply